04:30 a.m. Me despierto a seis horas de salir para el aeropuerto. Es muy de noche aún y estoy nerviosa. Voy al baño y descubro que algo no va bien; siento ciertas molestias que me resultan familiares y que no son, en absoluto, un buen presagio. Me tumbo en la cama, más nerviosa aún, sin poder dormir y doy vueltas, muchas vueltas. Me levanto de nuevo, voy a la cocina, bebo agua, vuelvo a la habitación, me acuesto de nuevo, y de nuevo me levanto para ir al baño otra vez. Despierto a Wap: - Tenemos que ir al médico.- le digo.
Para cuando llegamos a Urgencias, apenas hay gente, lo que me hace pensar que me atenderán pronto, pero tras esperar dos horas, deduzco, que igual me equivocaba. Entro en una habitación de donde salen y entran enfermeras constantemente, interrumpo su animada charla y les pregunto si saben cuando me va a tocar: - Ah, mira, aquí está tu ficha…Eres la primera de la bandeja número cinco. Lo de primera me ha gustado, lo de número cinco no tanto; me informa de que cinco es la prioridad y que va del uno al cinco (no, no funciona tipo cuenta atrás). Le pregunto si creen que aún tardarán mucho en llamarme y en un acto de sinceridad titánica (si no llega a ser por el dolor, igual me las como de un bocado ahí mismo) ambas arrugan su boquita de piñón en una mueca de condescencia: – La verdad, te queda bastante… Tras las dos horas de espera que ya llevo, me pregunto qué debe significar bastante para ellas; pero ante el dilema de ¿confrontación o compasión? me decanto por la segunda y con una expresión que suma dolor, pena y aflicción a partes iguales, los ojos vidriosos y la voz débil, agarro a una de ellas por el antebrazo, buscando un contacto que refuerce mis palabras y le susurro: - Yo sé…mm…esto que te voy a decir no tiene ningún tipo de prioridad médica…pero…yo tenía que estar en el aeropuerto cogiendo un avión a las 12 para irme de vacaciones…
Dejan de fruncir la boca y petrificadas se llevan las manos a la cara en señal de: Oh, my God… Me prometen hablar con la doctora para agilizarlo todo al máximo y procurar que llegue a tiempo. Salgo a la sala de espera de nuevo y lloro mi desgracia; Wap no entiende porqué lloro, o sí, pero no quiere hurgar en la herida y sólo me dice que me tranquilice, que no pasa nada. - ¿Y si lo perdemos?- balbuceo. - No pasa nada, no pasa nada…
Una hora después entro en la consulta, me hacen pruebas varias y preguntas sobre las otra ocasiones en que me ha pasado lo mismo. Me hacen un análisis de sangre durante el cual una enfermera me distrae (sí, necesito distracción, como los niños chicos…) preguntándome cosas sobre el viaje. Para estas alturas ya todo el equipo sabe que lo mío se trata de una visita a contrareloj, pero para los resultados del análisis hay que esperar una hora larga. Ese larga me da mucho miedo, pero decidimos que Wap vaya a casa a hacer la maleta mientras yo espero el resultado. Un hora, dolorida y muerta de sueño, me voy quedando dormida en la sala de espera a modo de pequeñas cabezadas; para distraerme hurgo en mi bolso, tratando de encontrar algo que leer, con la (mala) fortuna de encontrarme una guía que me dieron en la agencia de viajes: Bienvenido a Punta Cana (República Dominicana) leo. Contemplo la playa desierta de la portada y lloro ante la desconcertada mirada de los que me rodean en la sala de espera. Abro la guía …Punta Cana posee algunas de las playas más paradisíacas del mundo, según calificaciones de la Organización Internacional de Turismo… y lloro …no deje de probar sus sabrosos cócteles realizados con exóticas frutas tropicales… y lloro …anímese a aprender unos pasos de merengue o bachata mientras cae el sol entre los cocoteros de la playa… y lloro aún más.
Me despierta de mi sopor una voz que grita mi nombre y me hace pasar a la consulta. A los diez minutos ya estoy saliendo del hospital y Wap aparece, raudo y veloz, en la puerta con todas las maletas, listos para irnos al aeropuerto. Al final conseguimos llegar incluso una hora antes de lo previsto: - ¿Nadie os avisó de que habían cambiado vuestro vuelo?-me pregunta la chica del mostrador. Sin haber dormido en toda la noche somos incapaces de reflejar cualquier atisbo de expresividad en nuestros rostros, así que respondemos con un casi automático: - ¿Perdón? Total, que el vuelo no salía a las 14:00 sino a las 19:00 y así disponíamos de cinco horas muertas durante las cuales permanecer tirados por los suelos del aeropuerto, con todos nuestros bártulos desparramados a nuestro alrededor, al más puro estilo homeless; sin movernos, sin hablar, durmiendo con los ojos abiertos unas veces, y con los ojos cerrados, otras veces.

Al fin, llega la hora de embarcar y, casi a rastras, llegamos a los asientos asignados. Aparece un grupo de seis personajes entre los 40 y 50 años, todos ellos hombres, haciendo gala de una segunda juventud en su máximo esplendor. Se quejan porque, por error, los sentaron separados en el avión y patalean y gruñen hasta que los sientan bien juntitos (justo detrás nuestro), para que puedan, durante el vuelo, seguir jugando a los cromitos. Justo cuando estamos todos sentados: cinturones abrochaditos, respaldos de los asientos en posición vertical y a punto de salir a pista, oigo detrás mío: - No puedo, no puedo, tío…me voy. Y alguien se desabrocha el cinturón, se levanta, saca todas sus cosas de los compartimentos de encima nuestro y se va hacia la puerta: - Pero, Jordi, tío, ¿dónde vas?- le grita su amigo. - Que me voy, que me bajo del avión, no puedo hacerlo…me va a dar algo… Y así, 250 personas ya bien encerraditas en el avión, observan estupefactas a un hombre de cincuenta años que jura y perjura tener que bajarse ante la posibilidad de sufrir un infarto de miocardio en pleno vuelo. Pero nuestro prófugo volvió tal y como se fue: bien rapidito y acompañado por un azafato que lo convenció de cuánto le iba a gustar volar. A partir de ahí, todo fueron muestras de condolencia con Jordi: – A mí también me da miedo volar, no te preocupes….- gritaba la gente en un surrealista efecto dominó. Y sí, rodeada de 249 cagones más, una vuela mucho más tranquila.
19 comentarios
Agosto 27, 2007 a las 1:08 am
Qué te pasaba al final??
Agosto 27, 2007 a las 1:09 am
Cotilla!….Cistitis
Pupaaa, pupaa… y en cuanto te dan el medicamento, en un par de horas ya está…mucho ruido y pocas nueces, Nano…
Agosto 27, 2007 a las 1:42 am
Viajar nas asas da imaginação é sempre muito mais seguro… Eu detesto voar.
Gostei muito de estar por aqui. Saúde! E até breve!
Agosto 27, 2007 a las 12:01 pm
Bemvinda Ju! Eu também gosto mais de viajar com a imaginação! Me enerva menos…
Até breve!
Agosto 27, 2007 a las 12:52 pm
Upsss… que estrés para salir de viaje… me imagino la situación tan agónica. Menos mal que al final era algo que se pasó rápidamente
Agosto 27, 2007 a las 12:59 pm
Hola Enredado! Pues sí, quería vacaciones para relajarme y me estresé más aún! Pero bueno, ahora lo pienso y me río (un poco, sólo)
Agosto 27, 2007 a las 1:39 pm
Pero niñaaa, cuando te notes los síntomas de la cistitis, no te vayas a Urgencias a pasar allí la noche, toma nota del medicamento y listo, que lo demás es sufrir por sufrir (lo digo por maldita experiencia, pon otra X por Dios).
Qué agonía. Y encima ataque de pánico del de detrás incluido…
Ayyys, qué mal, sigo leyendo, sigo leyendo…
Agosto 27, 2007 a las 1:41 pm
Sunny! Es que una vez resultó acabar siendo infección de riñón…por eso lo de ir al médico, para no meterme en el avión 9 horas con la duda…aunque sí, estoy pensando hacerme con provisiones de Monurol, para la próxima…
Agosto 27, 2007 a las 1:53 pm
Uys, qué p***** , entonces mejor que vayas sí, no me hagas ni caso, que te estoy recomendando automedicarte…Como lo lo lea algún médico me asesina virtualmente
Agosto 27, 2007 a las 2:30 pm
mili¡¡¡ya te hechaba de menos,estaba deseando que nos contaras tu viaje.
Madre mia guapa,lo que no te pase a ti…jolines…
Agosto 27, 2007 a las 2:55 pm
Tranquila Sunshine, yo siempre he sido la reina de la automedicación, aunque…me estoy quitaando…
Sí, Mariquilla, de todo me pasa…jopé
Agosto 27, 2007 a las 7:19 pm
Y al cagón de detrás no le distéis un par de yoyas para que se calmase???
O si no como en “Aterriza como puedas” que el resto de pasajeros hace cola para atizarle…
Agosto 27, 2007 a las 10:19 pm
Atizarle? Qué va, Eru! Le pusieron a una azafata a su disposición para que no tuviera mieditooo… pobre, a mí me ha pasado, y en el momento hace de todo menos gracia..
Agosto 28, 2007 a las 5:31 pm
A mí en un avión me pasó que no me cabían las piernas con el asiento de delante, entonces cada vez que venía una azafata con el carrito por el pasillo… ¡bimba! ostia a la rodilla.
Después de varias de esas ya no sabían donde esconderse de la vergüenza y me ofrecían un par de asientos libres que había juntos para que pudiera sentarme cómodamente… más majas!!
Agosto 28, 2007 a las 5:34 pm
Dos asientos para ti sólo?! Qué suerte, Eru! En nuestro avión una mujer llegó con la pierna rota y le dieron primera clase aunque había pagado turista….Da que pensar para la próxima vez…
Agosto 28, 2007 a las 11:01 pm
Pobreta, cistitis antes de salir de vacas… qué mal rollo!! Menos mal que te lo remediaron!!!
Agosto 28, 2007 a las 11:03 pm
Un disaster soy, Noemí…
Pero me fuiii!! y la verdad, que en más de un momento pensé que me quedaba en tierra….
Septiembre 5, 2007 a las 4:46 pm
[...] Jump to Comments El viernes pasado llamé al hospital, donde pasé parte de la noche previa al viaje a Punta Cana, intentando averiguar por donde andaban los resultados de mis [...]
Octubre 12, 2007 a las 8:03 pm
[...] Visita al médico, rutinaria, como simple confirmación de que no quedan rastros de bacterias (sí, dos meses después). Y diré que me tocó esperar poco. Pero mientras esperaba, con la Mama, [...]