Agosto 26, 2007...10:19 pm

…(Punta Cana 2/3)…Wap, Dean, yo y el público del ‘todo incluido’

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        Llegamos de noche y tan cansados que no vemos absolutamente nada hasta la mañana siguiente; se prevén lluvias para un par de días nos informan en el hotel y nunca hasta ese día había yo entendido lluvias como tal eufemismo: al día siguiente nos despertamos con Dean. Cortinas de agua, viento huracanado (en el sentido más literal de la palabra) y una palmera golpeando el techito de nuestro bungalow. Por fortuna pasa pronto y aunque el resto del día se queda feo, corremos mejor suerte que los que iban a Cancún.

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        Como el día no da para más, nos acomodamos en la piscina con un cóctel y descubrimos estupefactos el público del todo incluido. Tres chicas salen de la piscina, cubata en mano, como una prolongación de la misma para lo que queda de vacaciones y se dan besos fraternales, que sólo pueden ser producto de una, también fraternal, borrachera de media tarde. Todas ellas con la cabeza llena de trencitas y bolitas de colores me hacen cuestionarme qué extraña creencia sobrenatural las empuja a creer que todas parecerán Bo Derek en 10, la mujer perfecta… 

        – Farta la Sonia.- observa una de ellas. Y llaman a gritos: Soniaaaa! Veeen! Abrazo colectivoooo! Sonia (y su cubata) aparece de entre la multitud y se acerca a sus amigas, que vitorean mientras ella se acerca: Esa Sonia, esa Sonia, eh! eh! Se abrazan y se besan, se tambalean todas juntas, con esa especie de desubicuidad que produce el ver a alguien tan bebido a plena luz del día; saltan a la piscina, ellas y sus cubatas, y la mitad del vaso se vacía en el agua, pero da igual…porque ellas no lo limpian, porque están de vacaciones y porque pueden permitírselo todo. En la piscina se encuentran con sus iguales, pero en masculino; brindan, se abrazan y bailan bien pegaditos, que aquí sólo se viene una semana y el tiempo vuela. Suena algo que me es familiar en los altavoces de la piscina y para cuando reconozco las notas de Paquito el Chocolatero, la piscina en su totalidad (con sus ya mencionados cubatas) se encuentran de nuevo fuera, recreando, a lo dantesco, una escena de fiestas de pueblo de la España profunda. Acaba la canción (gracias a Dios) y dando rienda suelta a su creatividad etílica cantan al unísono: ¡Oee, oee, oee…hemos venido a emborracharnoooos, el Caribe nos da iguaaaal….!

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        Pero nosotros hemos venido a cualquier cosa menos a emborracharnos, así que ante el irrefrenable deseo de inmolarnos públicamente que nos provoca el lamentable espectáculo que ofrecen (sólo) nuestros compatriotas, decidimos retirarnos a la playa y pasamos los días tirados al sol, haciendo nada, untándonos de crema y recreándonos en nuestra ociosidad.

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