…el mundo propio del armario “ése”

        Wap se recupera de su anisakis favorablemente, y menos mal, porque ayer me pasé a verle de nuevo y estuvo toda la tarde tirado en el sofá, tapadito, delirando: – ¿Porqué a mí?.- me decía.- Querías hacerme la de Litvinenkooo… Y gemía y gruñía mientras ponía cara de pena y repetía: -¿Porqué a mí? Y la verdad, que ya es mala suerte pensar que de nueve personas sólo te ha tocado a ti. Yo ya me sentía culpable sólo por haber elegido el sitio y sus alaridos al borde del delirio no contribuían a paliar mi falsa culpabilidad, así que intenté compensarlo con un exceso de instinto maternal traducido en: – No puedes comer esto, ni aquello…ponte el termómetro, tómate esto otro… No sé si contribuyó a aclararle que no eché nada en su comida, pero por lo menos cesaron las acusaciones, dando lugar a preguntas del tipo: -¿Puedo comerme un plátano?¿Puedo tomarme un té?¿Y beber CocaCola?

        No sé de qué me sirven los días de fiesta cuando no encuentro a nadie más que tenga el día libre; bueno, sí, me sirven para hacer el vago, que ya me va bien, pero a media tarde me entran las ansias de necesitosalirdecasaya y para entonces la cosa ya no tiene remedio. Además, para la Mama, los días sin nada que hacer se traducen en días de limpieza, y no limpieza cualquiera, no, no, sino ésa de: – ¡Ordéname el armario ése que me tiene fritaaa! Y el armario ése no es nunca tampoco un armario cualquiera, sino que es aquél en el que he ido metiendo, cuál saco sin fondo, todo lo que no sabía donde colocar. Justo en el momento en que me dispongo a llevar a cabo la limpieza lo abro despacito y apartando un poco la cabeza, porque nunca sé lo que puede saltar de ahí dentro. Y bueno, esta vez, saltar no salta nada, pero me paso la tarde, como siempre que me toca hacer esto, sacando cosas del armario y exclamando: – ¡Ala! esto de aquella vez que… ¡Uuf! esto de cuando fuimos a… En fin, que la limpieza acaba postergándose lo indecible y que al final, lo único que hago es sacarlo todo del armario y volverlo a meter (tengo que hacerme mirar este principio de diogenismo…)

Esta vez lo que encontré fueron fotos, muchas más fotos de las que esperaba. Del Erasmus en Winchester con Ditis y Yaris; de nuestra cena de Navidad a la taiwanesa, de la visita maratoniana al British Museum, de las ochenta veces que fuimos a ver el Tower Bridge, de toda la gente con la que nos tocó compartir habitación en el Generator, del día que se nos ocurrió bailar al ritmo de unos timbales y acabamos en una batalla campal en aúnnosabemosdónde… Y de la escapada a Holanda con Jani y Yaris; de los tulipanes que nunca encontramos, de la magdalena que nunca debí comerme, de los sujetadores que aparecían colgados por la hermandad en la que dormimos cual trofeos de caza, de la cocina más sucia del mundo, del pilotito rojo de nohaymásgasolina que Jani juró no haber visto antes…

3 comentarios

Archivado bajo Life, Personal, Reflexiones, Viajes

3 Respuestas a “…el mundo propio del armario “ése”

  1. Qué bueno encontrar fotos!! Qué nostalgia de sitios a los que no he ido…
    Pd: “El Principio de Diógenes” se me pasó a mí al hacer cinco mudanzas…;)
    Besos!

  2. jani

    No estaba alliiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! lo juro!!!!
    jajaj
    no me lo vais a perdonar nuncaaaa!!! sniff….sniff….

  3. …..nena, estaba, lo sabes…yo lo vi…jajajaj…justo a tiempo lo vi!! Muaaas!

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