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… a dos velas (home, sweet home)

Mientras alarmo en un rincón de la segunda planta, planeo mentalmente las entrevistas que quiero preparar para el mes que viene* y en cuanto se me ocurre una pregunta saco el papelito arrugado que llevo en el bolsillo y garabateo rápido lo que sea, más que nada porque no quiero tener que explicarle a nadie qué se supone que estoy haciendo. Para cuando me doy cuenta tengo la mitad de las preguntas en castellano y la otra mitad en inglés.

Mamaaa, miraaa qué guaapoo… eeh, mamaa ¿no te gustaaa?

María, por favor.. te va pequeño, ¿no lo ves?

Que no mamaaa, joeeeh, que me va bien, es super guapoo, tíaa mamaaa…

Miro de reojo a María que parece embutida al vacío en el chalequito; pero me abstengo de opinar, y sigo con mis alarmas y demás desvariaciones.

María, ¿pero no ves que te aplasta el pecho? Pruébate una talla más, por favor…

Anda, mama, ¿qué íces (dices, deduzco)? Ejque tu no sabes, joeeh, mama, comprameeelo… mamaaa… Esto eh moda, mamaa, esto eh modaaa… Pregúntale a la mujeeeer….

Tardo un ratito en darme cuenta de que la mujer no es otra que yo misma. Y, de pronto, ahí, con una niña que me saca dos cabezas de alto y dos (o cuatro) tallas de pecho de ancho,  resulta que yo, edición de bolsillo por naturaleza, perpetua imagen de la minoría de edad, soy la mujer.

Perdona, perdonaaa…- me dice, plantándose delante mío.- ¿Cómo me va? ¡¿A que me va bien?! Díselo a mi madre, díselo…

El mazazo de realidad al que me acabo de ver expuesta de me ha dejado medio aturdida y soy incapaz de demostrarle complicidad a estas alturas:

– ... Mmm.. lo siento, pero te va pequeño.

A última hora me comunican que, así como quien no quiere la cosa**, y sin que yo opusiera resistencia, claro, mis días en la tienda han terminado incluso antes de lo esperado así que ahora disfruto de unas minivacaciones (en las que sigo teniendo mil cosas por hacer) hasta que empiece el lunes en mi nuevo puesto.

Me voy encantada a casa y se me rompe el encanto cuando, entrando en el pueblo me doy cuenta de que la mitad está sin luz; mi mitad, por supuesto. Aparco en medio de lo que parece Silent Hill y cuando bajo del coche no sé si buscar mi casa a tientas. No, no diré que fue apasionante.

Me toca cenar con Bic a la luz de una vela; que sí, que aunque siempre ha sido algo que me ha hecho ilusión, de verdad que ésta no era mi idea de cena romántica. Básicamente porque los boquerones estaban fríos y calentarnos en el microondas no era una opción a contemplar (ni hablar de calentarnos al fueguito de la vela…).

Tras treinta minutos leyendo a la luz de una linterna decidí dar por terminado mi friki day: suficiente.

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* Marzo: más, más, más…

** No, no me han echado…

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… tal día como hoy (que parece que fue ayer)

Tal día como hoy, hace dieciocho años…

1.40 a.m.

– Acaba de nacer, ¡ya tienes un hermano!

Cuelgo el teléfono y me duermo de nuevo imaginando qué cara tendrá Bic. Fueron ocho duros años de unicidad hasta entonces.

Feliz mayoría de edad, corazón (de melón)!

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… música para una Drama Queen

        Nak me mandó un Meme hace tres millones de siglos (o eso me parece a mí) y aunque apenas he tenido tiempo para escribir por aquí, esta tarde, entre perchar y alarmar me he decidido a pensar esas cinco canciones que podrían incluirse entre mis favoritas. Podrían ser cinco mil, más bien, porque seguro que en cuanto cuelgue el post me vendrán a la cabeza todas aquellas que ahora no recuerdo, pero bueno, aquí están esas canciones que, con los años siguen siendo capaces de provocarme todo tipo de sensaciones. Sí, son más bien tristes y/o melancólicas, pero es que a mí es lo que más me inspira, y qué le vamos a hacer si me encanta el drama…

        … Sinnerman, Nina Simone: de pequeña, el Papa siempre me decía que tenía que escucharla, que era la mejor. El Papa es un trozo de pan, pero desde luego no es la persona más comunicativa que conozco, aún así, sé que guarda mucho y muy bueno ahí dentro, por eso cuando me dice algo me agarro a ello y ya no suelto.

        … Certe cose si fanno, Mina: aún recuerdo la cara de mi profesora de italiano cuando me preguntó si conocía o me gustaba especialmente algún cantante italiano. Ni Eros Ramazzotti, ni Tiziano Ferro, ni Laura Pausini. Yo mencioné a Mina.

       … Ain’t no sunshine when she’s gone, Bill Withers: me gustan las canciones que me hacen recordar. Ésta me recuerda que hay gente que al irse, se lleva un rayito de tu sol y eso es algo que no quiero que se me olvide.

       … Run, Lighthouse Family: para los días ésos en que te entran unas ganas inexplicables de salir corriendo.

       … My guitar lies bleeding in my arms, Bon Jovi: para mí el These Days fue su último buen disco. Ni Crash, ni Bounce ni pepinillos en vinagre. Y canciones como ésta, la última de la cara B de la cinta (cinta!!) que es la que ya no llega a escuchar nadie, porque antes le das la vuelta otra vez, son las que me gustan a mí.

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… vientos del este y dolor de eguito

Un café improvisado con Tjqec antes de entrar en la tienda ha conseguido levantarme el ánimo (sí, necesito levantarlo) considerablemente y hasta me he reído al contarle el desafío que me supone comprobar cada quince minutos que las perchas mantienen entre sí un espacio equidistante, que todas miran en la misma dirección y que todos sus logos están a la vista. Y sí, así invierto mi tiempo. Físico, porque el mental va por otros derroteros nada saludables para mi estabilidad emocional.

Desde el lunes tengo un martilleo a la altura de la sien, que me está matando. Literalmente. Es la llamada, la que no llega, que se me ha metido en la cabeza y me martiriza de manera incesante. Es como un tic propio de psicótico esquizoide que me provoca ganas de gritarle a la gente: ¡Que no me toquessss las perchaaaasss! Pero no lo hago, que para eso estoy bien educada (y bien reprimida) y en lugar de eso sonrío y cuando me quedo sola compruebo de nuevo que todo sigue como debe seguir. Incluyendo el martilleo.

Me encuentro con una ex profesora esta tarde, en la tienda, y mientras me da la ropa que ha decidido no quedarse la saludo con dos besos y le pregunto por su vida.

Y tú, ¿qué haces aquí?… – la condescendencia es como el miedo, se puede oler en los demás.

Pues nada, mira, aquí…

¿No encuentras trabajo, no? – rintintín, sonrisa maliciosa y labios frunciditos en un yameloimaginaba.

Me encojo de hombros y busco una respuesta que no encuentro. Doblo todo la ropa que me acaba de dejar sobre la mesa y mientras se marcha siento un regusto agrio en la boca del estómago, justo donde los años de experiencia me han enseñado que también se encuentra el ego. Me dolió el eguito (es que el mío ya es muy pequeño de por sí) hoy.

Igual de improvisado que el café de esta tarde ha sido la hora extra de esta noche que me ha hecho salir casi a las once. Estaba tan cerca de Wap que le llamé para que me diera un par de besitos de buenas noches. Esta mañana tuvo una de esas entrevistas para las que hay que poner muchas velitas (él, en lugar de velitas, se puso camisa, que ya está bien, también) y ahora esperamos los dos juntos pegados al móvil. Cada uno al suyo, se entiende. Haremos un pacto de no llamarnos mutuamente para no interferirnos la línea.

Llego a casa cuando ya casi es media noche. Esta noche el viento sopla hacia el este, y por lo menos hoy me duermo oliendo a Donuts*…

* No es ningún tipo de acertijo extraño, ni anagrama rebuscado que haya que resolver para entender su verdadero significado. Simplemento vivo a 5km de una fábrica Panrico. Y eso, hoy el viento soplaba hacia donde tenía que soplar.

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… Queridos Reyes Mayos (este año he sido la mar de güena)

Wap está malito. Hípermegaresfriado para ser exactos. Me he expuesto dos noches seguidas a sus virus y parece que he salido indemne: no me lo creo ni yo. Pero esta mañana, antes de que suene la alarma de mi móvil me despierta, sentado en el borde de la cama y vestido como para salir a la calle:

¿Qué haces así? ¿Sales?

No, pero no voy a estar todo el día con pijama…

No cuela, él es de los que puede estar todo el día en pijama si no sale. Me río, me desperezo.

Vaya tontería…

Me desperezo más y encuentro algo entre las sábanas. Una cajita. Pero no logro alcanzarla, rebusco entre el edredón y, al fin, descubro que mis Reyes han llegado antes. Y este año he debido ser muy buena…

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(yo) – Oye… ¿has tocado estas bolsas, no?

(la Mama) – No, no, ayer sólo las moví para fregar la habitación pero hoy no, te lo prometo.

Con todo el ajetreo de la boda, el vestido, el viaje y esas cosas no me dio tiempo de comprar regalitos para Navidad, así que he aplazado la entrega de mis cositas hasta el día de Reyes. Fui con Bic a comprarlas el día 31 y como no me caben en ningún sitio las dejé en un rinconcito de mi habitación, donde se supone que nadie toca nada. Pero hoy al llegar las veo raras. Miro a la Mama de nuevo.

(yo) – Mmm…

(la Mama) – Que no, que no, que te prometo que no las he tocado…

(yo) – Mmm…

(la Mama) – ¿Porqué me lo preguntas?

(yo) – Porque tal y como estaba colocada esta cajita, ayer podía ver el lazo asomando por la bolsa, y hoy ya no…

A veces me asusto yo misma con mis propias reflexiones y/o memoria visual; ni Horatio del CSI. La miro fijamente, dudosa, porque está a punto de convencerme, pero de pronto, agacha la cabeza, le entra la risa tonta y se tapa la boca con la mano.

(la Mama) – Pero sólo he mirado ésa ¡lo prometo!

Pongo cara de decepción y a punto estoy de castigarla cara a la pared o de decirle que entonces los Reyes ya sólo le traerán carbón, pero antes de que me dé tiempo de abrir la boca se excusa como puede, osea, poco y mal:

(la Mama) – ¡Pero no sé para quién es, de verdad!

No, hombre no… Eso sí que no. Cremitas y jabones para el baño con olor a mandarina y fruta de la pasión no le voy a comprar al Papa ¿no?

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… más propósitos y deseos (de ésos que nunca se cumplen)

Para este 2008 me pidooooo…

… descubrir buena música y buenas películas. Y leer más y mejor. (Estáis más que invitados a contribuir activamente en esta categoría aportando toda aquella información sobre música, películas o libros que creáis que me podría ser útil)

… avanzar en mis precarios conocimientos de portugués e italiano y que mi vocabulario básico llegue más allá del propio de un niño de tres años, disléxico.

… que la distancia con Jani siga siendo simplemente física.

… ir, con regularidad, al gimnasio y deshacerme así, y para siempre, de el michelincito (the one and only) que me martiriza a la hora del bikini cada verano.

… 366 días más de Wap.

… seguir viajando y seguir peleándome con el miedo a los aviones. Este año pasado, con la tontería, acabé subiéndome en doce (¡y ninguno se cayó!), así que creo que estoy empezando a conseguirlo.

… reconciliarme con mi pelo: yo lo odio y él me odia. Él se riza cuando lo quiero liso y se alisa cuando lo quiero rizado. Yo me enfado y lo castigo a base de tijeretazos y tintes castaño oscuro para hacerme la inteligente: no more, este año vuelvo a ser rubia, la inteligencia no me ha valido para nada en el 2007.

… ser menos irritable. Deshacerme de mis días cruzados en los que soy capaz de morder sólo porque alguien suspire al lado mío.

… librarme de la abulia soporífera que me posee (bastante) de vez en cuando: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, y ésas cosas…

… seguir siendo capaz de recordar la voz de aquellos que ya no están, para oírlos al cerrar los ojos y poder notarlos un poquito más cerca.

… encontrar un trabajo de los de toda la vida: con horario, nómina, jefe tocape*****, lote de navidad… Lo normal, vamos.

… atreverme a hacer esas cosas que me apetecen pero que no hago porque me puede la vergüenza: pintarme los labios, llevar tacones según a dónde y para qué, usar y abusar de minifaldas…

… apreciar cada vez más las cosas pequeñas porque sé que, en el fondo, son grandes: café+charla en buena compañía, peli arropaditos en el sofá, un baile improvisado, confidencias quinceañeras, bombones sorpresa…

… no guardarme lo que pienso cuando sé que debería hablar; si me lo callo para mí solita se me pudre dentro y duele.

… hacer (más) vida social. Impedir que el trabajo en casa me absorba 24/7.

… seguir trabajando mi independencia emocional, por mi bien y el de los que rodean. Y la otra indepencia también, está decidido: éste ha de ser el año de la emancipación! (enough is enough)

       ¡¡Por lo demás, Feliz Año Nuevo para todos!!

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… Just Married! (blanca y radiante Jani)

        Cuatro días perdidos, absurdamente, peregrinando por todas las tiendas de rigor, y por alguna más, buscando un vestido más que decente para la boda de Jani y Kanji, y es que ésta no es una boda cualquiera, así que tampoco se puede ir con un vestido cualquiera. Descarto Zara y H&M incluso antes de empezar la búsqueda, me niego a parecer clonada con la mitad de las invitadas: no way. Paso de TopShop porque es como H&M pero más caro, y si pago 80€ por un vestido quiero, como poco, que lleve un forrito para no pelarme de frío… que es Diciembre y no está la cosa como para ir con vestiditos de gasa mínimos, exponiéndose a temperaturas también mínimas.

        Lo intento con las tiendas de barrio donde insultan mi inteligencia y alguna que otra cosa más asegurándome que una americana que combina dos tipos de tejano, con tela de lunares, pedrería en los puños, camelia en la solapa y tul negro por encima es: …lo último! Esto es muy fashion, eh! Calibro en cuestión de segundos si decirle lo que de verdad estoy pensando. Nada, como siempre, me callo. Rebusco en tiendas de segunda mano de las que huelen a rancio y a viejo, donde venden vestidos requetequete usados por el mismo precio que uno nuevo, porque sí, porque ellos lo valen; y me arriesgo en tiendas de emergentes donde los jóvenes talentos venden sus creaciones por encima de los 200€: what the f**k!?

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        Para emergente yo y para talento el mío; me planto en Barcelona y el mismo día que compro el tejido (previa pelea con el dependiente que no parece entender que si digo lanería, es que quiero lana, no seda salvaje tornasolada, por mucho que a él le parezca mejor para una boda) vuelvo a casa y finiquito el patrón en menos de cuatro horas. Cinco días más me lleva montar el prototipo y acabar el vestido; yo soy la primera sorprendida con el resultado. Rezo a todos los santos para que no se desintegre en medio de la boda.

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En nuestro vuelo (otro a horas intempestivas) compartimos avión con, al menos, cuarenta personas vestidas con túnicas y pañuelos en la cabeza, calzando babuchas y llevando, colgadas del cuello, cantimploras (no, éste seguro que no es el nombre exacto) doradas con inscripciones en árabe. Tras la estupefacción inicial deducimos que todos viven en Bilbao y que deben venir de la Meca, con escala en Barcelona. En los asientos de al lado nuestro, uno de ellos reza balanceando el cuerpo hacia adelante y atrás, una y otra vez, mientras el avión despega. A mí, que ya tengo miedo infundado a volar, no me inspiran mucha confianza estas cosas en pleno vuelo, así que abro el Cuore para enfrascarme en la ardua tarea de descubrir si los mensajes de Tony Parker a una francesita, un tanto guarrilla, desvelan de verdad que Eva Longoria tiene unos cuernos de aquí a Lima. Wap mira la revista, me mira a mí, mira la revista de nuevo:

Me ayuda a… no pensar… que estoy volando… – me excuso.

Te ayuda a no pensar.- y lo acompaña con un gestito con la mano que quiere decir “y punto”. Ahora, ante el ferviente devoto rezando al lado de la otra ventanilla me la quita raudo y veloz y se deja absorber también por las fiestas que se montan los Casiraghi.

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         Llegamos a casa de los padres de Jani pero todas las mujeres de la casa parecen estar haciéndose la manicura, así que desayunamos con Fer, un brasileño que ya nos acogió en su casa de la playa hace un par de veranos en Ubatuba. No habla español, no hablamos portugués, pero el café es universal y con paciencia y vocalización no hay nada imposible. Al poco aparece Agata, su mujer, y se apunta también a la primera de muchas más conversaciones surrealistas, que vendrán después, en las que ellos hablan portugués y nosotros castellano entendiéndonos perfectamente como si estuviéramos hablando el mismo idioma: …ainda não falo muito, mais agora comprendo bastante…

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        Paseamos por Donosti; Wap y Kanji se imaginan dentro del agua si ellos también tuvieran ahí sus tablitas de surf, Agata, Jani y yo somos incapaces de comprender como alguien puede meterse en el agua con ese frío. Por la noche cena familiar con todos los desplazados para el acontecimiento del día siguiente: nervios, nervios, nervios…

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        Laura me recoge en el hotel muy temprano, aún de noche, para nuestra particular sesión de chapa y pintura. Jani ya casi está con los rulos puestos y yo aún ni siquiera sé que hacerme en el pelo:

¡Lo que sea, pero que me entre la pamelaaaa! – suplico.

        Me maquillan y tardo un ratito en acostumbrarme a esa sobreproducción. Salgo de la peluquería y creo que la gente me mira por la calle porque voy demasiado pintada; por un momento se me ha olvidado que soy una forastera que se pasea, a las 11 de la mañana, con pamela por un pueblo de apenas 7.000 habitantes donde todos se conocen. Me entra la risa, sola, por la calle. Con pamela y con risa, pues claro la gente aún mira más.

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Llego a casa de Jani media hora antes de la boda, con Wap sin vestir y yo de los nervios; estuvo durmiendo hasta más tarde y le salió una crestita en la coronilla incapaz de arreglar. La Mama de Jani le había planchado la ropa mientras yo había cosido arreglillos en los vestidos de las niñas que llevarían los anillos. Wap se viste mientras le hacen fotos a Jani y su Papa la tapa porque dice que no se puede ver a la novia. Al final sale, guapa, guapísima como es ella, blanca y radiante, como en la letra de una canción antigua, y con una sonrisa que no le cabe en la cara. Entonces lo entiendo todo, más si cabe; si yo fuera Kanji, también me habría casado con ella. Me entran ganas de abrazarla y estoy a punto de que se me salte una lagrimita (o dos), pero no podemos, ni una cosa ni la otra: las dos llevamos demasiado maquillaje y es un poco pronto para estropearlo.

La misa, en castellano, euskera y portugués, acaba convirtiéndose en un heróico acto de represión por parte de todos, represión bastante fallida, cabe también decir: llorera desde el principio al fin, del Papa, la Mama, la Abuela, la novia, el novio, Laura, amigos varios, y yo, por supuesto, que no iba a ser menos. Acompañada de dos chicarrones de sensibilidad dudosa, más duros que el Alcoyano, que no soltaron ni un suspiro en toda la ceremonia, yo no podía evitar soltar una lagrimita cada vez que los novios se miraban; es el efecto rebote de algunos años de represión emocional, últimamente soy capaz de emocionarme incluso con el anuncio del Almendro volviendo a casa por Navidad…

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        En fin, que tras la tormenta llega la calma y en este caso venía en forma de cóctel, marisco, carne, pescado, tarta, helado y todas esas cosas que te van haciendo arrepentirte de llevar un vestido apretado. Comimos de todo y más, y bebimos de más y todo. La Mama me llamó a las siete de la tarde desde tierras castellanas para ver qué tal iba la boda: …mal hecho, Mama, mal hecho, tras cinco horas comiendo y bebiendo no estoy como para tener una conversación trascendental… Y todo esto con el Ilarié de Xuxa sonando de fondo, porque sí, a todos nos hacen ilusión los momentos de regresión.

       Y es entre regresión y regresión que descubro mi necesidad vital de convertir a la Mama de Jani en mi nueva ídola a venerar a partir de ya: ¿quién si no es capaz de mezclar Prada, Marni y Jil Sander en un mismo look? Yo no, desde luego …my God: ¡i-de-al! Y cuando los peep-toe de Sander, morados, de terciopelo, perfectos, le hacen un poco de daño (que estas cosas pasan, valgan lo que valgan los zapatos) se los cambia por unas bailarinas Miu Miu que le quedan igual de bien o mejor: Too much!

Cuando me despierto esta mañana me doy cuenta de que, a parte de los novios del pastel (¡sin presión! ¡sin presión! le gritaban Jani y Kanji a Wap mientras él huía despavorido colina abajo, cuando vio que nos plantaban los muñequitos en la mesa) me traigo de Euskadi una voz cazallera, de tanto trajín, que ni Sabina y Paulina Rubio afónicos y juntos. Pero me gusta. Como a Phoebe de Friends en aquel capítulo que se acatarra y le sale una voz tan grave, pero tan molona que para conservarla quiere seguir resfriada a toda costa. Ahora hablo alto y mucho, para que me dure un par de días más; y canto Back to Black de Amy Winehouse más emocionada que nunca, porque hoy todos mis gallos me dan un aire de artista atormentada que no tiene precio (de normal suelo sonar, más bien, como un gato siendo arrollado por un tráiler…).

Vamos al aeropuerto esta mañana con los recién casados y los despedimos en el control de seguridad cuando van a coger su vuelo de camino a Amsterdam. Nos hemos liado con el café y la charla y llegan un poco tarde al embarque. Nosotros aún tenemos que facturar y ya en la cola, nos llega por megafonía un llamamiento desesperado: Se ruega a los pasajeros del vuelo JKK8972 con destino Amsterdan: Jani, Kanji, Fer y Agata hagan el favor de dirigirse INMEDIATAMENTE a la puerta de embarque…

Ya casi a medio día nos vamos nosotros también de Euskadi; de ése del Txakolí y la buena comida, siempre verde y siempre montañoso,  de ése de tiempo frío y gente cálida.

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