Archivo de la categoría: Televisión

… lo prometido

       …es deuda. Y a mí no me gusta deber. Para aquellos que no hayan tenido la suerte que tuve yo de caer enferma y presenciar esto, aquí lo dejo:

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…somatizada y convaleciente (bondage de sobremesa)

        Y al final llamaron, porque algún día tendrían que hacerlo, porque la espera no podía ser eterna; bueno, la de B sí, porque éstos aún no dieron señales de vida, y su respuesta a cualquiera de mis insistentes llamadas viene a ser: aún están decidiendo… ¿Un mes y medio? ¿Para cuatro personas?

        El caso, que al final llamaron de A, pero como estaba yo inmersa en plena jornada laboral (en la que se permite el chunda, pero no los móviles) pues ni me enteré… y claro, al salir a las diez de la noche no era plan de devolverle la llamada a nadie. Esperé toda la noche, y maquiné, si sería un sí, si sería un no… Dormí poco y mal y a las ocho de la mañana me desvelé y di vueltas en la cama hasta las nueve esperando que sonara el teléfono de nuevo. Pero no.

        Así que me decidí y llamé yo, recién levantada, en pijama y sin desayunar.

…si mira, que te llamamos ayer para comunicarte que, sobre la vacante para la que estabas propuesta, al final han decidido elegir a otra candidata…

        Mmm… Ajá… mmm… Así, recién levantada, en pijama y sin desayunar.

        Y entonces pienso porqué en las entrevistas me dijeron que el asunto iba tan bien, y porqué la encargada de diseño le comentó al consultor que se le había olvidado mirar mi book, pero que estaba liadísima y no podía volver: ¿a dónde? ¿a desandar en pasillo de 10 metros? ¿cuando yo he recorrido 75 kms para llegar aquí? Y entonces, me pregunto… ¿en base a qué me ha descartado? ¿a mí pelo? Y, no es justo, sé que mi pelo no es mi mejor baza…

       Quedo con Carl para tomar un café a media mañana, porque tenía una entrevista al lado de casa, con la diferencia de que ella sí ha conseguido el puesto y me desahogo un rato. Que no lo suficiente porque, de verdad, me quedaba mucho por desahogar. Y me voy a la tienda: y doblo, percho y alarmo… no me han cogido… doblo, percho y alarmo… no me han cogido…

       Para cuando salgo pasadas las once de la noche me duele todo y no me encuentro bien. Creo que el berrinche ha trascendido a lo físico y llego a casa que me duelen hasta las pestañas. Duermo mal, muy mal, y me despierto enfermita: resfriado, dolor de garganta y bajón generalizado… Una pena, que hoy me tengo que quedar en casa.

       Aprovecho para hacer eso que nunca hago: ver la tele. Aunque ya lo sabía, hasta hoy no me había tocado afrontar la dura realidad de que Aquí hay Tomate ha dejado de existir. Busco un sustituto a la altura y no lo encuentro. Me quedo en Fama, por eso de que en el trabajo todas hablan del programa y yo no me entero de nada.

       Tras la estupefacción de darme cuenta de que trabajé con una de las participantes el año pasado, veo a uno que quiere ser Rafael Amargo (pero no), y que da clases de algo que él debe entender como danza pero que para mí (ferviente apasionada del baile) queda bastante lejos: que todos los bailes incluyan cachetes en el culito de las bailarinas, que si yo te toco y tú me tocas, y broncas por no dejarte tocar en condiciones (hello¿?) dista mucho de mi idea de baile.

        Y veo a una pobre chica, ataviada con pintas de bar de carretera, que ejecuta un baile más propio de un show de striptease que de una escuela de baile: y que si ahora el chico te magrea al ladito de la ingle (limítrofe, para crear la polémica justa) que si ahora sube la mano y te soba bien el pecho, que si ahora te sientas a horcajadas y mueves el culo como si estuviérais en pleno asunto mientras él te agarra bien del trasero y te acompaña en el movimiento… (*)

        Y entonces, de pronto, el Amargo en cuestión que le dice que la ve cohibida (whathef*ck…) que ella es una bomba, y que ése es un baile súper pasional (dudo lo de pasional, justo después de dudar lo de baile) y pienso cuánto me costaría a mí ser pasional con un chico que lleva las cejas más depiladas que yo.

        Entra en acción una chica, más experimentada, que le muestra cómo ha de dejarse sobar (digo, bailar) poniendo cara de éxtasis y cuando acaba sentencia su actuación:

Tienes que darlo todo. Hasta el fondo.

        Clarísimo, ha quedado clarísimo.

        Cuando creo que hemos tocado fondo en temas de decadencia, resulta que premian a cinco chicos de la academia dejándoles participar (thank you!) en una coreografía en la que aparecen vestidos, únicamente, con calzoncillos y correas al cuello, haciendo que se muerden los unos a otros porque tienen que meterse en la piel de un perro. Ok. Y uno de ellos les guía, tirando de las correas, muy en plan dominatrix. Ok. Y no sé, igual es que soy yo un poco retrógrada, pero a mí esto del bondage de sobremesa no me acaba de encantar. (*)

         Suficiente. Pongo la radio y descubro esto. Gracias a Dios.

 

(*) Prometo vídeo en cuanto lo encuentre…

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… A vs. B (el que espera, desespera)

Caso A:

– a 75kms de casa: caravanas, peajes, gasolina, blablabla…

– moda

“pero sabes que aquí, trabajamos a contrareloj… cómo llevas la presión? Bien? Seguro? Sí? No te molesta?…”

 – otra vez “X”, siempre “X”…

Caso B:

– a 15 mins de casa

– menos moda

“a mí me gusta que la gente trabaje contenta, a gusto, que sean alegres, como una gran familia…”

– Muy lejos de “X”, mundial, famosos en la publicidad…

    

        A ratos quería A y a ratos quería B, creo que ahora me he olvidado de A bastante. Sueño que me llaman de B y que soy la elegida, sueño que empiezo a trabajar ahí; esta noche en mis sueños incluso empecé a diseñar. Leí hace poco algo sobre la Visualización Positiva que decía que, por lo visto, si visualizas algo que quieres que suceda y pones todas tus energías en ello, al final se cumple. Así que yo, visualizo B sin parar, incluso cuando ni si quiera depende de mi consciente.

        Y así estoy, pegada al móvil día y noche, al borde del colapso nervioso cada vez que recibo una llamada de un número oculto… Aún así, me da miedo que prevalezca la Ley de Murphy sobre la Visualización Positiva y acaben llamándome sólo de A.

        * Y vale, el siguiente vídeo es un poco …mmm… “así” (es que no encuentro un calificativo posible) pero en estos momentos de tensión y desespero, llorar de la risa, no tiene precio…

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… Merry, Merry Merry, (spiced) Xmas

          Todo es posible en Navidad… hasta que las Spice Girls compren en Tesco (el Carrefour británico).

          Por supuesto: Feliz Navidad a todos!!     

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…señales divinas (Vincent Gallo vs. Ali G)

Justo el día que decido volverme indie, me encuentro con Vincent Gallo (el colmo de lo indie; qué digo, el indie hecho hombre) en la puerta del gym y rápidamente lo interpreto como una señal divina de que, al fin, he elegido el buen camino.

Pero hoy, al volver, Ali G ha sustituido a Gallo en la sala de máquinas…y claro, una ya no sabe que pensar con esto de las señales divinas.

Con cadena (ydiosquécadena) de oro, y sin quitarse el gorrito de lana ni el paso de perdonavidas se puso delante del espejo a hacer pesitas, bueno pesazas, que mientras él corría el riesgo de que le petara la carótida, por la presión, ahí mismo, levantando 24 kgs con cada brazo (que son 48kg, que es lo que peso yo, Dios…) le veía mirarme de reojillo por el espejo las mancuernas (habráse visto semejante nombre…) de 2kgs que yo estaba levantando:

…y bueno, ¿qué quieres? Si yo no he venido a convertirme en un Madelman, que lo único que quiero es quemar el par de Ferrero Rocher que me he comido hoy…

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…aires de cambio (que me vuelvo indie!)

       (*)

        Hablo con Jani mientras preparo la mochila para irme al gym y le enseño mis últimos descubrimientos musicales del momento:

¡¿No te encantaaaan?! …nanana ramalamadingdooooong…- no me sé la letra, así que me invento la mitad.

– Pues que quieres que te diga, que a mí me gusta más Bryan Adams…

– Pues no me digas más… – le digo.- creo que me voy a volver indie.

– ¿Eing?

– Sí, me apetece ser medio punki, ya sabes, teñirme el pelo de rubio platino, tirando a blanco y pintarme los labios rojos… ser punki**…

– … – sé que se calla para medir sus palabras.- ¿y tatuajes? ¿también te harás alguno?

– ¡Qué dices! Si esto se me va a pasar en seguida… .- meto mis zapatillas en la bolsa, a la vez que me doy cuenta de que ya hace siete años que las compré (ya no tengo edad de que el pie me crezca, y del deporte precisamente no se me desgastan mucho). Siete años, son mucho años. – Dios… necesito un cambio…    

—————————————————————————      

         * Sí, el vídeo es de Jem y los Hologramas! Ni Heidi, ni Marco, a mí los dibujos que me gustaban eran éstos. Yo quería ser Jem, claro. Ni me acordaba de esta serie hasta que, buscando esta canción encontré este montaje y casi me da un soponcio del flashback! Lo dicho… nanana ramalamadingdooooong!!

         ** No confundir punki con punk.

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…no más velitas de momento, please (free falling)

       Para empezar, las velitas funcionaron. Tanto, que el mismo día de la entrevista ya me estaban llamando para empezar al día siguiente. Y yo, que nunca me creo mi suerte, esta vez tampoco me puedo creer que me hayan dado un puesto de Responsable de Producciones de Moda (me remito al anuncio), ni que haya tenido la suerte de encontrar, tan rápido, algo relacionado con la moda, el estilismo y la comunicación, todo en uno.

       Esa misma noche ceno con George y unos amigos suyos que me prestan un Pantonario para poder elegir los colores de mi colección como Dios manda: después de cenar, a eso de las once de la noche en una cafetería, con retales, dibujos y colores desperdigados a nuestro alrededor. Pero nos recogemos pronto (que diría mi abuela): …porque mañana empiezo en mi nuevo puesto de Responsable de Prod…(blablabla) .- les informo.

Woow… ¡tiene buena pinta! ¿Y qué harás?

Exactamente no lo sé, pero algo de estilismo, algo de comunicación y esas cosas…

        Cuando me suena el despertador a las 7 al día siguiente me quiero morir, y es que he perdido un poco la costumbre. Hago uso del transporte público (yu-ju!) porque no me queda otra, y me compro una tarjetita de diez viajes como mujer previsora y trabajadora que ya soy. El trabajo dignifica, me repito a modo de mantra mientras me pelo de frío esperando el dichoso tren que no llega: patitiesa y muerta de sueña, pero digna al fin, o más.

        En la oficina llego de las primeras y hasta casi dos horas después no aparece la mayoría de la gente: esto es horario flexible y lo demás son tonterías, pienso.

Pueden llegar un poco más tarde porque ayer acabaron a las dos de la madrugada.- me informan.- Como no te puedes ir hasta que acabas…

       ¿Oí dos? ¿Oí madrugada? No, mi concepto de flexible queda lejos de esto.

        Durante mi proceso de formación me pego cual siamesa a una de mis nuevas compañeras para absorber, por ósmosis si es posible, en qué consiste exactamente mi tarea. Y lo resumiré en una sola palabra, porque sí, porque un puesto con un nombre tan largo, curiosamente, puede resumir todas sus tareas en una: Excel.

Aquí pones el código, aquí el nombre del producto, aquí color, talla, stock, precio con iva, sin iva, el descuento, el margen, las medidas, el peso… Sin faltas de ortografía, sin un sólo número mal, sin que se te olvide nada…

       Mi cara a cuadros me delata.

No te preocupes ¡eh! Que esto es facilísimo, en tres días te lo sabrás de memoria, es todo mecánico, lo puede hacer cualquiera, no necesitas haber estudiado nada de nada…

      ¿Y la moda? ¿Y el estilismo? ¿Y la comunicación? ¿Soy una desagradecida o una desgraciada?

Y ahora viene la parte donde escribimos…

        ¡Ya decía yo! Si me habían dicho que qué bueno que me gustara escribir, porque aquí lo haría todo el día…

Maleta semirígida. Perfecta como equipaje de mano. Cierre frontal con pestaña a presión… Y así, escribes todo lo que ves…

      ¿Y la moda? ¿Y el estilismo? ¿Y la comunicación? Empiezo a decantarme hacia desgraciada…

        En el tren de vuelta a casa, lo medito todo en silencio. Visualizo mentalmente el anuncio que yo vi, y trato de encontrar la correspondencia con el trabajo en cuestión. Cabe decir que no la encuentro. Pienso, desespero, racionalizo y lloro cuando veo que no puedo; racionalizarlo, quiero decir. Apenas duermo, y cuando suena el despertador a las 7 de nuevo, curiosamente, ya no me siento tan digna como el día anterior.

        Llego de nuevo a la oficina la primera, enciendo el ordenador, abro el Excel y contemplo desesperanzada las hojas con los miles de datos que se supone debo teclear, sin el más mínimo error, so pena de muerte. Dos horas después llega el resto.

Es que ayer acabamos a las once de la noche…

       Para cuando mi contrato está listo, tengo las cosas bastante claras, y pido que, ya puestos, le adjunten una cartita de renuncia voluntaria, porque no me pienso quedar. Firmo ambas cosas a la vez y me voy de allí mucho más ligera de lo que había llegado. En el tren de camino a casa le echo un vistazo al contrato y reparo en que mi categoría profesional en cuestión era Auxiliar Administrativa y me pregunto qué fue de aquel Responsable de Producciones de Moda que tan bien sonaba.

       Para eso igual me podría haber quedado con cualquier otra de las, siempre brillantes y múltiples opciones, que se me presentaron antes…

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