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…terapia de choque (hasta luego)

        Salimos camino a Andorra tarde, muy tarde; porque nosotras, sabias conocedoras de nuestra escasa practicidad, les dejamos a ellos organizar el viaje. Y ellos, decidieron que de Guipúzcoa a Andorra, Barcelona quedaba de camino. Para cuando salimos de aquí ya era casi la hora de dormir, para cuando llegamos allí ya era requetetarde, o más.

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        Ellos hacen snow, ellas esquí y yo en medio, hago lo que puedo. Wap hace gala de algo que él denomina “terapia de choque“. Yo lo llamo simplemente “choque“. Consiste en no hacerte ni caso cuando dices que no sabes usar ese cacharro, subirte a una pista cualquiera y hacerte bajar a base de: “Daaaale, no me seas pelotuuuda…”. Y éste es solo el principio del “choque“, porque luego te das cuenta de que te quedaste solita en la pista y no te queda otra que bajar. Echando sapos y culebras por la boca, claro.

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         Cuando los alcanzo, por lo visto, Fer tiene serios problemas con la tabla y Wap me recomienda que vaya bajando, que a mi velocidad muy lejos tampoco llegaré y que ya me alcanzarán por el camino. Bajo como puedo, rodando pocas veces, todo sea dicho. Y cuando llego al final me doy cuenta de que un poco más arriba el camino se bifurcaba y que yo tiré por un lado pero igual ellos tiraban por otro.

        Espero… espero… Mmmm… Ah, ahí están! …mm, no. Espero… espero…  Ah, parece que son ésos! …mm, no. Espero… espero… Mecagüentodo, que me he quedado más tirada que una colilla… Y que no sé ni donde estoy. Me enfado (véase: berrinche-niña-pequeña mode) y me quiero desenganchar de la tabla porque así no vamos a ningún sitio. Y me enfado más. Cagüentodo, que no puedo. La fijación está medio dura y me quito el guante, para tirar de la pestaña pero me resbala el dedo por la nieve y aiiiiiix: duele. Ok, me acabo de cortar el dedo con véte tú a saber qué: y sigo solitaaa, y sin vacunar del tétanooos…

        Más emberrinchada si cabe voy con el dedo casi colgando y carita de pena a que alguien me lo arregle. Se lo enseño a la chica de información y me ofrece una tirita: hello? ¿Pero no ves que estoy a punto de perderlo!? En fin, que no, que resultó que no era para tanto, y que con un poco de suerte no habría ni que cortar.

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         Ágata debió ser la única que quedó con fuerzas tras la sesión de esquí, porque cuando le dijimos (error!) que aquí las tiendas eran más baratas que en España (y, por consiguiente, muchas cosas eran más baratas que en Brasil) decidió conducir ella misma hasta el centro de Andorra para fundir (literalmente) la Visa, y sólo se atrevió a confesarnos que “no veía ni torta de noche cuando conducía”, cuando aparcamos sanas y salvas de nuevo en el hotel.

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        Me contagié de consumismo en la noche de Reyes y me autoregalé mi ansiada Bvlgari. Demasiado tiempo lanzando indirectas (y directas) a todo aquél que quisiera escucharme y ya veía yo que me iba a quedar sin. Y de eso nada, que este año he sido la mar de buena.

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         Pero se nos acabó la boda, y la esquiada, y la semana de honey moon en Barcelona. Y se fueron ya, de vuelta a casa. Y nos quedamos otra vez como al principio. Con una semana juntos, como un espejismo de hace mucho tiempo. Con unos días suspendidos en el tiempo, en el de ahora o en el de tres años atrás.

Quédateee…. – le digo a Jani mientras la abrazo.

No me lo digas dos veces… – y suena a súplica.

Quédate, quédate!…

        Pero esta mañana me voy de casa y ella se queda haciendo la maleta.

Hasta luego.- le digo mientras cierro la puerta. – Hasta luego…

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… Just Married! (blanca y radiante Jani)

        Cuatro días perdidos, absurdamente, peregrinando por todas las tiendas de rigor, y por alguna más, buscando un vestido más que decente para la boda de Jani y Kanji, y es que ésta no es una boda cualquiera, así que tampoco se puede ir con un vestido cualquiera. Descarto Zara y H&M incluso antes de empezar la búsqueda, me niego a parecer clonada con la mitad de las invitadas: no way. Paso de TopShop porque es como H&M pero más caro, y si pago 80€ por un vestido quiero, como poco, que lleve un forrito para no pelarme de frío… que es Diciembre y no está la cosa como para ir con vestiditos de gasa mínimos, exponiéndose a temperaturas también mínimas.

        Lo intento con las tiendas de barrio donde insultan mi inteligencia y alguna que otra cosa más asegurándome que una americana que combina dos tipos de tejano, con tela de lunares, pedrería en los puños, camelia en la solapa y tul negro por encima es: …lo último! Esto es muy fashion, eh! Calibro en cuestión de segundos si decirle lo que de verdad estoy pensando. Nada, como siempre, me callo. Rebusco en tiendas de segunda mano de las que huelen a rancio y a viejo, donde venden vestidos requetequete usados por el mismo precio que uno nuevo, porque sí, porque ellos lo valen; y me arriesgo en tiendas de emergentes donde los jóvenes talentos venden sus creaciones por encima de los 200€: what the f**k!?

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        Para emergente yo y para talento el mío; me planto en Barcelona y el mismo día que compro el tejido (previa pelea con el dependiente que no parece entender que si digo lanería, es que quiero lana, no seda salvaje tornasolada, por mucho que a él le parezca mejor para una boda) vuelvo a casa y finiquito el patrón en menos de cuatro horas. Cinco días más me lleva montar el prototipo y acabar el vestido; yo soy la primera sorprendida con el resultado. Rezo a todos los santos para que no se desintegre en medio de la boda.

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En nuestro vuelo (otro a horas intempestivas) compartimos avión con, al menos, cuarenta personas vestidas con túnicas y pañuelos en la cabeza, calzando babuchas y llevando, colgadas del cuello, cantimploras (no, éste seguro que no es el nombre exacto) doradas con inscripciones en árabe. Tras la estupefacción inicial deducimos que todos viven en Bilbao y que deben venir de la Meca, con escala en Barcelona. En los asientos de al lado nuestro, uno de ellos reza balanceando el cuerpo hacia adelante y atrás, una y otra vez, mientras el avión despega. A mí, que ya tengo miedo infundado a volar, no me inspiran mucha confianza estas cosas en pleno vuelo, así que abro el Cuore para enfrascarme en la ardua tarea de descubrir si los mensajes de Tony Parker a una francesita, un tanto guarrilla, desvelan de verdad que Eva Longoria tiene unos cuernos de aquí a Lima. Wap mira la revista, me mira a mí, mira la revista de nuevo:

Me ayuda a… no pensar… que estoy volando… – me excuso.

Te ayuda a no pensar.- y lo acompaña con un gestito con la mano que quiere decir “y punto”. Ahora, ante el ferviente devoto rezando al lado de la otra ventanilla me la quita raudo y veloz y se deja absorber también por las fiestas que se montan los Casiraghi.

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         Llegamos a casa de los padres de Jani pero todas las mujeres de la casa parecen estar haciéndose la manicura, así que desayunamos con Fer, un brasileño que ya nos acogió en su casa de la playa hace un par de veranos en Ubatuba. No habla español, no hablamos portugués, pero el café es universal y con paciencia y vocalización no hay nada imposible. Al poco aparece Agata, su mujer, y se apunta también a la primera de muchas más conversaciones surrealistas, que vendrán después, en las que ellos hablan portugués y nosotros castellano entendiéndonos perfectamente como si estuviéramos hablando el mismo idioma: …ainda não falo muito, mais agora comprendo bastante…

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        Paseamos por Donosti; Wap y Kanji se imaginan dentro del agua si ellos también tuvieran ahí sus tablitas de surf, Agata, Jani y yo somos incapaces de comprender como alguien puede meterse en el agua con ese frío. Por la noche cena familiar con todos los desplazados para el acontecimiento del día siguiente: nervios, nervios, nervios…

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        Laura me recoge en el hotel muy temprano, aún de noche, para nuestra particular sesión de chapa y pintura. Jani ya casi está con los rulos puestos y yo aún ni siquiera sé que hacerme en el pelo:

¡Lo que sea, pero que me entre la pamelaaaa! – suplico.

        Me maquillan y tardo un ratito en acostumbrarme a esa sobreproducción. Salgo de la peluquería y creo que la gente me mira por la calle porque voy demasiado pintada; por un momento se me ha olvidado que soy una forastera que se pasea, a las 11 de la mañana, con pamela por un pueblo de apenas 7.000 habitantes donde todos se conocen. Me entra la risa, sola, por la calle. Con pamela y con risa, pues claro la gente aún mira más.

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Llego a casa de Jani media hora antes de la boda, con Wap sin vestir y yo de los nervios; estuvo durmiendo hasta más tarde y le salió una crestita en la coronilla incapaz de arreglar. La Mama de Jani le había planchado la ropa mientras yo había cosido arreglillos en los vestidos de las niñas que llevarían los anillos. Wap se viste mientras le hacen fotos a Jani y su Papa la tapa porque dice que no se puede ver a la novia. Al final sale, guapa, guapísima como es ella, blanca y radiante, como en la letra de una canción antigua, y con una sonrisa que no le cabe en la cara. Entonces lo entiendo todo, más si cabe; si yo fuera Kanji, también me habría casado con ella. Me entran ganas de abrazarla y estoy a punto de que se me salte una lagrimita (o dos), pero no podemos, ni una cosa ni la otra: las dos llevamos demasiado maquillaje y es un poco pronto para estropearlo.

La misa, en castellano, euskera y portugués, acaba convirtiéndose en un heróico acto de represión por parte de todos, represión bastante fallida, cabe también decir: llorera desde el principio al fin, del Papa, la Mama, la Abuela, la novia, el novio, Laura, amigos varios, y yo, por supuesto, que no iba a ser menos. Acompañada de dos chicarrones de sensibilidad dudosa, más duros que el Alcoyano, que no soltaron ni un suspiro en toda la ceremonia, yo no podía evitar soltar una lagrimita cada vez que los novios se miraban; es el efecto rebote de algunos años de represión emocional, últimamente soy capaz de emocionarme incluso con el anuncio del Almendro volviendo a casa por Navidad…

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        En fin, que tras la tormenta llega la calma y en este caso venía en forma de cóctel, marisco, carne, pescado, tarta, helado y todas esas cosas que te van haciendo arrepentirte de llevar un vestido apretado. Comimos de todo y más, y bebimos de más y todo. La Mama me llamó a las siete de la tarde desde tierras castellanas para ver qué tal iba la boda: …mal hecho, Mama, mal hecho, tras cinco horas comiendo y bebiendo no estoy como para tener una conversación trascendental… Y todo esto con el Ilarié de Xuxa sonando de fondo, porque sí, a todos nos hacen ilusión los momentos de regresión.

       Y es entre regresión y regresión que descubro mi necesidad vital de convertir a la Mama de Jani en mi nueva ídola a venerar a partir de ya: ¿quién si no es capaz de mezclar Prada, Marni y Jil Sander en un mismo look? Yo no, desde luego …my God: ¡i-de-al! Y cuando los peep-toe de Sander, morados, de terciopelo, perfectos, le hacen un poco de daño (que estas cosas pasan, valgan lo que valgan los zapatos) se los cambia por unas bailarinas Miu Miu que le quedan igual de bien o mejor: Too much!

Cuando me despierto esta mañana me doy cuenta de que, a parte de los novios del pastel (¡sin presión! ¡sin presión! le gritaban Jani y Kanji a Wap mientras él huía despavorido colina abajo, cuando vio que nos plantaban los muñequitos en la mesa) me traigo de Euskadi una voz cazallera, de tanto trajín, que ni Sabina y Paulina Rubio afónicos y juntos. Pero me gusta. Como a Phoebe de Friends en aquel capítulo que se acatarra y le sale una voz tan grave, pero tan molona que para conservarla quiere seguir resfriada a toda costa. Ahora hablo alto y mucho, para que me dure un par de días más; y canto Back to Black de Amy Winehouse más emocionada que nunca, porque hoy todos mis gallos me dan un aire de artista atormentada que no tiene precio (de normal suelo sonar, más bien, como un gato siendo arrollado por un tráiler…).

Vamos al aeropuerto esta mañana con los recién casados y los despedimos en el control de seguridad cuando van a coger su vuelo de camino a Amsterdam. Nos hemos liado con el café y la charla y llegan un poco tarde al embarque. Nosotros aún tenemos que facturar y ya en la cola, nos llega por megafonía un llamamiento desesperado: Se ruega a los pasajeros del vuelo JKK8972 con destino Amsterdan: Jani, Kanji, Fer y Agata hagan el favor de dirigirse INMEDIATAMENTE a la puerta de embarque…

Ya casi a medio día nos vamos nosotros también de Euskadi; de ése del Txakolí y la buena comida, siempre verde y siempre montañoso,  de ése de tiempo frío y gente cálida.

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