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…36 veintiunos a tu vera (la mejor opción)

        Entre burbujitas, infusiones antioxidantes y albornoces blancos hemos pasado un par de días…

        … de celebración del tercer aniversario de nuestro primer besito; viendo Miss España 2005 en casa de Jani, con ella misma dormida sobre mis rodillas y con Anne Igartiburu, en la televisión, repitiendo hasta la saciedad que Marina d’Or era tu ciudad de vacaciones…

Con semejante panorama, besarnos era, desde luego, la mejor opción.

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… vientos del este y dolor de eguito

Un café improvisado con Tjqec antes de entrar en la tienda ha conseguido levantarme el ánimo (sí, necesito levantarlo) considerablemente y hasta me he reído al contarle el desafío que me supone comprobar cada quince minutos que las perchas mantienen entre sí un espacio equidistante, que todas miran en la misma dirección y que todos sus logos están a la vista. Y sí, así invierto mi tiempo. Físico, porque el mental va por otros derroteros nada saludables para mi estabilidad emocional.

Desde el lunes tengo un martilleo a la altura de la sien, que me está matando. Literalmente. Es la llamada, la que no llega, que se me ha metido en la cabeza y me martiriza de manera incesante. Es como un tic propio de psicótico esquizoide que me provoca ganas de gritarle a la gente: ¡Que no me toquessss las perchaaaasss! Pero no lo hago, que para eso estoy bien educada (y bien reprimida) y en lugar de eso sonrío y cuando me quedo sola compruebo de nuevo que todo sigue como debe seguir. Incluyendo el martilleo.

Me encuentro con una ex profesora esta tarde, en la tienda, y mientras me da la ropa que ha decidido no quedarse la saludo con dos besos y le pregunto por su vida.

Y tú, ¿qué haces aquí?… – la condescendencia es como el miedo, se puede oler en los demás.

Pues nada, mira, aquí…

¿No encuentras trabajo, no? – rintintín, sonrisa maliciosa y labios frunciditos en un yameloimaginaba.

Me encojo de hombros y busco una respuesta que no encuentro. Doblo todo la ropa que me acaba de dejar sobre la mesa y mientras se marcha siento un regusto agrio en la boca del estómago, justo donde los años de experiencia me han enseñado que también se encuentra el ego. Me dolió el eguito (es que el mío ya es muy pequeño de por sí) hoy.

Igual de improvisado que el café de esta tarde ha sido la hora extra de esta noche que me ha hecho salir casi a las once. Estaba tan cerca de Wap que le llamé para que me diera un par de besitos de buenas noches. Esta mañana tuvo una de esas entrevistas para las que hay que poner muchas velitas (él, en lugar de velitas, se puso camisa, que ya está bien, también) y ahora esperamos los dos juntos pegados al móvil. Cada uno al suyo, se entiende. Haremos un pacto de no llamarnos mutuamente para no interferirnos la línea.

Llego a casa cuando ya casi es media noche. Esta noche el viento sopla hacia el este, y por lo menos hoy me duermo oliendo a Donuts*…

* No es ningún tipo de acertijo extraño, ni anagrama rebuscado que haya que resolver para entender su verdadero significado. Simplemento vivo a 5km de una fábrica Panrico. Y eso, hoy el viento soplaba hacia donde tenía que soplar.

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